jueves, 20 de septiembre de 2018

El Valparaíso que no somos.

Pocos días atrás funcionarios del Parque Cultural de Valparaíso, denunciaron a través de diversos medios que el Director, del mal llamado Carnaval de los Mil Tambores, habría agredido física y verbalmente a un trabajador por "no facilitarle dependencias del Parque" siendo que éstas habían sido solicitadas con anticipación por la Universidad de Valparaíso. Esto viene a reventar en la cara de la escuálida escena cultural porteña que pide a gritos dignificación y la no apropiación autoritaria de los espacios de convergencia pública.
El 2015 publiqué una dura columna llamada "Mil tambores: sombras de carnaval" donde abiertamente critiqué, como cada año, no sólo el paupérrimo nivel organizacional del evento, pues claramente, este no tiene arraigo no cultural ni territorial con la ciudad, sino también la enorme cantidad de recursos destinados a esta realización, donde comprobado está, mayoritariamente son honorarios de los organizadores.
Tras esta columna, fui invitado a debatir con Santiago Aguilar, donde pude expresarle también las falencias y falacias del mito casi estoico que él y su equipo ha levantado sobre esta actividad.
Es que básicamente Luis Aguilar, el "Chago", quiere hacernos sentir que estamos en deuda con él y sus tambores, quiere que pensemos que sin Mil Tambores no hay cultura ni arte en esta ciudad histórica.
Confunde a placer, el hecho de que miles de porteños y porteñas no estamos de acuerdo con su mala gestión, con un afán de censura. Si  así fuera, le hubiésemos censurado los millones que recibió durante la reeconstrucción tras el incendio del 2014 por su "trabajo comunitario", pero no es así, esto no es personal. Todos los recursos con que se realiza este evento son públicos, por tanto, su  gestión debe sino estar bajo el escrutinio y crítica pública, pero como insisto, pareciera que nuestra ciudad "deudora con sus salvadores culturales" no puede impugnar la realización de un desfile de tambores o pasacalles. Eso, es transformar, un evento popular en un acto autoritario.
Es que, acá también hay otra arista que no se ha hablado, Nélida Pozo, otrora Directora Regional de Cultura y actual cabeza del Parque Cultural Valparaíso, entregaba vía convenio, sin concurso público, cuarenta millones anuales al Centro Cultural de Playa Ancha para este evento, por lo que la molestia de Aguilar también pareciera provenir de la sensación de que Nélida no está cumpliendo con su deuda moral por profitar mediáticamente del Carnaval en años anteriores.
Entonces ¿Cómo es posible que todos los dirigentes políticos estén endeudados con Aguilar y los Tambores? O mejor cambio la pregunta ¿Qué le deben los políticos a Aguilar? Nélida Pozo, Omar Jara y ahora Jorge Sharp.
Porque también es pública la pugna del Departamento de Cultura con el mandamás municipal actual respecto de este tema. Qué le debe Sharp a Aguilar que insiste tanto en entregar recursos y autorizaciones rápidas el evento cuando la consigna a la ciudad es siempre el desfalco municipal y los recursos entregados a Aguilar han sido mal utilizados por casi 20 años!
El alcalde no convocó a los trabajadores portuarios para reactivar la industria portuaria, prefirió los jardines diseñados por el asesor de Piñera y que cuando vino a dar una magra charla al Puerto de Ideas hizo una pataleta colérica brutal. No queremos más basura en las calles, pero nos imponen a cientos de personas orinando constantemente en ellas.
El año pasado la municipalidad gastó una millonada para proteger un evento sin arraigo en la ciudad y que divide. Donde participa más el turista que el vecino, pero eso no le importa a una gestión más compuesta por turistas laborales que por vecinos de nuestra ciudad, aunque algunos hay.
Valparaíso no es para los turistas, Valparaíso no es turismo. Queremos aparentar una belleza para el foráneo pero nuestra  idioscincracia está en extinción ¿La reemplazaremos con tamborcitos? ¿Es malo negarse a la paupérrima gestión de esta actividad?
Si los recursos son públicos, son los estamentos públicos los que debiesen organizar este evento, no Aguilar.
¿Nos atrevemos  a dejar las ganancias propias de lado por el bien común? Porque los organizadores comparan a los Mil Tambores con el Carnaval de Río y allá gana la ciudad, no un grupo.

Resultado de imagen para mil tambores basura.